Greg Maddux. (Jeff Chiu/AP)

De los 19 candidatos debutantes en la papeleta de votación para el Salón de la Fama, el que más pinta como una opción segura para entrar a Cooperstown es Gregory Alan Maddux.

Dicen que en la vida nunca hay que decir nunca, pero esto está demasiado cerca. Como ex columnista para el Atlanta-Journal Constitution, seguí muy de cerca a Maddux durante sus 11 temporadas con los Bravos, y nunca menosprecié su grandeza. Nunca. Ni una sola vez. Recuerdo decirme a mí mismo en múltiples ocasiones mientras veía como Maddux hacía ver mal a los bateadores, "Disfruten cada momento de esto mientras puedan, porque nunca volverán a ver algo así en su vida".

OK, ese último "nunca" que acabo de mencionar es válido en esta situación. Nunca he visto a un pitcher más consistente que Maddux, y el derecho se encontraba en la misma rotación de los Bravos que Tom Glavine, quien también integra la papeleta de votación este año, y el futuro integrante del Salón John Smoltz. Es simplemente que Maddux lanzaba a un nivel mucho mayor que sus compañeros y el resto de sus colegas. Era un tipo introvertido que dejaba que su pitcheo hablara por él. Su físico no era para nada imponente.

Nadie espera que un individuo de estas características se convierta en todo un maestro a la hora de subir a la loma, pero Maddux era justo eso. De hecho, era el Picasso del béisbol, porque pintaba obras maestras con su brazo derecho. A menudo lograba su objetivo de dos maneras: Colocaba sus pitcheos con extrema precisión, y era un maestro a la hora de preparar a los bateadores con lanzamientos que más tarde utilizaría en el juego para destrozar sus mentes -y sus promedios de bateo-- aun más.

Maddux también era el Sigmund Freud del béisbol. También era el Usain Bolt del llamado Rey de los Deportes, porque era extremadamente rápido entre pitcheadas. Si cualquiera de sus innings duró lo suficiente como para que alguien se acabara de comer un hot dog, era muy largo para los estándares de Maddux. El ex coach de pitcheo de los Bravos Leo Mazzone me dijo una vez, "La razón por la que trabaja tan rápido en la loma es porque no está preocupado por nada más que por hacer un buen lanzamiento en ese preciso momento. Una vez que ha hecho ese lanzamiento, es historia para él, y ahora está pensando en cómo lanzara su siguiente pitcheada".

Tiene sentido, razón por la que Mazzone trató de inculcar la filosofía de Maddux de apresurar el ritmo en la loma a otros serpentineros. Algunos la adoptaron, pero muchos otros no pudieron, y el experimentado coach de pitcheo descubrió algo rápidamente: No puedes enseñar a nadie a convertirse en un Picasso, Freud o Bolt del béisbol.

Dicho todo esto, con Maddux incluido de manera oficial en la papeleta de votación que recibiré en los próximos días como uno de los votantes para el Salón de la Fama, comencé a repasar su historial con lujo de detalle. Luego, de la nada, algo que yo pensé era imposible se me ocurrió: Maddux era aun más grande de lo que yo pensaba.

¿Se han dado cuenta de lo que hizo durante sus 23 temporadas en Grandes Ligas, que incluyó sus primeras campañas (1986-92) con los Cachorros antes de unirse a los Bravos en 1993 para concluir con un regreso a los Cachorros en 2004 y un breve paso por los Padres y los Dodgers? Sus logros son tan brillantes y extraordinarios que es difícil saber por dónde empezar, pero resaltaré lo siguiente: Ganó cuatro trofeos Cy Young de manera consecutiva (1992-95). Realmente sorprendente. Ningún pitcher había podido lograr esta hazaña hasta que Maddux lo hizo, y sólo Randy Johnson ha podido emularla desde entonces.

Tan sólo ese logro es suficiente para convertir a Maddux en una elección obvia a Cooperstown en su primer año en la papeleta de votación. Mi voto lo tiene seguro, y también debería tenerlo por parte de todos mis colegas por esa racha de trofeos Cy Young y por sus 355 victorias. Ese es el total de juegos ganados en la carrera de Maddux, y esa cifra también es sorprendente. Sólo siete lanzadores han ganado más juegos que Maddux en la historia de Grandes Ligas, y todos ellos están en el Salón de la Fama.