Jason Heyward.

ATLANTA -- Han pasado más de dos años desde que el guardabosque de los Bravos, Jordan Schafer, fue golpeado en la cara por una pelota bateada de foul durante un intento de toque de bola ante el abridor de los Mets, Jon Niese. Pero la cicatriz psicológica permanece abierta lo suficiente para que Schafer le expresara al dirigente cubano Fredi González que no quería jugar cuando Atlanta estaba programado a enfrentar al zurdo de Nueva York en los Entrenamientos de Primavera.

Esto ofrece una mejor explicación de la ansiedad que Schafer sintió cuando reemplazó a un sangriento Jason Heyward durante la sexta entrada del segundo juego de la serie de los Bravos contra los Mets la semana pasada en el Citi Field. Aparte de estar preocupado por su compañero, Schafer temía la posibilidad de batear contra Niese, quien acababa de fracturar la mandíbula de Heyward con una recta de 90 millas por hora.

"No quería tener nada que ver con eso, especialmente luego de lo que le pasó a Heyward", manifestó Schafer.

El hecho de que la intranquilidad de Schafer tiene que ver con Niese apoya la teoría que desarrolló su compañero Reed Johnson, quien piensa que situaciones específicas o enfrentamientos en particular son lo que provocan la angustia que un jugador siente después de ser golpeado en el rostro.

"Heyward estará bien", expresó Johnson. "Con dos strikes y enfrentando a un lanzador zurdo, la misma situación por la que pasó, entrará en su mente. En ocasiones tendrás que salir de la caja de bateo para enfocarte de nuevo, para que algo así no pase por tu mente. Pero no creo que sea un problema, especialmente porque es un bateador zurdo. De todas maneras la mayoría de los serpentineros que enfrentará serán derechos".

El lanzador de los Bravos, Paul Maholm, presenta otro punto de vista de la manera en que los jugadores superan cualquier miedo que puede surgir después de un bolazo en la cabeza.

Menos de un año después de ser elegido por los Piratas en la primera ronda del draft amateur del 2004, Maholm lanzaba por Clase-A Avanzada Lynchburg cuando dejó una curva colgando por encima del plato que fue bateada de línea directamente a la lomita. La pelota lo golpeó en la parte izquierda de la cara, dejándolo con una fractura en la nariz y otra cerca del pómulo.

"En mi caso, creo que trataba de demostrar que estaba bien", indicó Maholm. "Hay historias de hombres que han sido golpeados y que no han vuelto a ser los mismos de antes. Pero yo fui un poco terco. Pensé que si volvía a suceder, sucedería. Pero no iba a preocuparme por la posibilidad de que me volvieran a golpear.

"Debes pensar en cuántos bateadores has enfrentado y nada te ha pasado", continuó. "Así es con cada lanzamiento que hago. Pero solamente ha sucedido una vez y espero que siga así".